Desigualdad de ingresos: un cambio cultural

Barrio El Golf, Santiago de Chile. Fuente: Homeurbano
La desigualdad de
ingresos es una problemática tan antigua como nosotros mismos: todas y todos
hemos sido espectadores de películas donde los reyes feudales se bañan en oro
mientras los siervos se las arreglan para subsistir. También hemos visto en nuestro
rededor casos como el Penta, SQM y la colusión de las farmacias, por nombrar unos pocos.
Casos donde los ricos se hacen más ricos de lo que ya son, y los
pobres siguen siendo pobres. La desigualdad de ingresos legitima las clases
sociales; la posición de subordinador y subordinado.
En Chile los pobres
van a la cárcel, mientras que los ricos son sobreseídos.
Una de las formas de
medir la desigualdad de ingresos es el Índice de Gini que, según la página del
Banco Mundial: “se basa en datos primarios obtenidos de encuestas de hogares de
los organismos de estadística del gobierno y los departamentos de país del
Banco Mundial”. Tener coeficiente 0 equivale a una mayor igualdad de ingresos,
mientras que 100 es una completa desigualdad.
Vale decir que hay
países, como Venezuela, que no han sido reevaluados en mucho tiempo. El último
coeficiente registrado para este país (que actualmente atraviesa una crisis tanto
social como económica) data del año 2006, por lo que es difícil estimar cuál es
el país más desigual del mundo.
Si recopilamos los datos
del Índice entre los años 2014 y 2017, Chile se ubica como uno de los países con
ingresos más desiguales, con un coeficiente de 46,6 para el año 2017 (ver
gráfico). La República de Sudáfrica lidera la lista con un coeficiente de 66,
posicionándose así como el país más desigual del mundo. Aunque, como se
mencionó anteriormente, no todos los países están actualizados, y de hecho
existen localidades, como Arabia Saudita y Cuba, que nunca han sido evaluados.
Es decir, son cifras incompletas.
No obstante, es posible encontrar un patrón. Al analizar todos los
países que forman parte del Índice de Gini, es posible advertir una mayor
desigualdad en los países que están en vías de desarrollo. Países desarrollados como Corea del Sur, Japón
y Reino Unido están en la base de la lista, con coeficientes considerablemente
inferiores a los que la lideran.
Es decir, la economía
es también un problema cultural, que va más allá de una buena o mala tasa de
interés. Está enraizado en todas y todos. Aceptamos y naturalizamos la
corrupción: elegimos en nuestras urnas a presidentes y congresistas que han sido
acusados de robar. Sebastián Piñera se fugó sin cumplir una sanción tras
defraudar al Banco de Talca en 1981 (guiándolo a su liquidación), y ha sido Presidente de Chile dos veces.
Si no cambiamos
nuestra mentalidad, si no elegimos a personas que se preocupen realmente por las
y los ciudadanos, reproduciremos este sistema eternamente, donde los políticos se aprovechan del sistema para cumplir sus propios intereses y así incrementar las brechas socioeconómicas.

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